‘Maquis’: cine comprometido con la memoria y las colas del hambre

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El compromiso con la memoria de un pasado que no se debe olvidar y este presente de crisis económica y pandémica se unen gracias al empeño del cineasta Rubén Buren (Madrid, 1974) y el movimiento vecinal madrileño. Porque desde este 10 de diciembre y hasta el día 16 puede verse en los Cines La Vaguada de Madrid la película Maquis, con toda la recaudación de taquilla destinada a ayudar a las colas del hambre del Barrio del Pilar y de Aluche.

Ambientada en 1949, grabada en blanco y negro y con la presencia de únicamente personajes femeninosMaquis quiere dar voz a las mujeres de la posguerra de una España dividida. Y ahora, en pleno 2021, también quiere ayudar a atiborrar las estanterías de esas despensas solidarias que cada semana se llenan gracias a la generosidad del vecindario. Voluntarios y voluntarias que, de hecho, estarán a las puertas del cine en las horas de proyección de la película recogiendo donaciones alimentos.

El atentado contra Franco en Ponferrada que pudo cambiar la historia de España

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Cubillos de Sil en la Wikipedia

 

 

iLeon.com rescata documentación que demuestra un intento de asesinato del generalísimo el 28 de julio de 1949 con motivo de su visita a la inauguración de Compostilla a manos de los últimos integrantes de la guerrilla berciana. Un hecho silenciado hasta ahora en España y que sólo se puede demostrar a través de escasas publicaciones norteamericanas.

 

Italiens Regierungschef in Berlin.
Des Führers und des Duce triumphale Fahrt durch Berlins Feststrasse.
Fot. Wag. 1937

El 28 de julio de 1949, en Ponferrada, estuvo a punto de cambiar la historia de España. Ese día se materializó un atentado contra el generalísimo Francisco Franco, uno de los pocos que llegaron a ejecutarse realmente, pasando de la frontera de los deseos y los planes a los hechos. Ocurrió en la capital del Bierzo, aunque se trata de un hecho ampliamente desconocido por haber sido ocultado hasta el extremo por un régimen que no podía permitirse el lujo de admitir ningún síntoma de debilidad propia ni de fortaleza de los escasos enemigos que quedaban en suelo español después de la cruenta represión del régimen dictatorial.

Aquel jueves, cuando aún resonaban los fastos nacionales por el décimo aniversario de la victoria en la Guerra Civil, Franco recaló en Ponferrada con motivo de la inauguración de la central térmica de Compostilla en el inicio de un viaje que posteriormente le llevaría a San Sebastián pasando por las capitales de León, Palencia y Burgos. La expectación era máxima. El Ayuntamiento había otorgado al caudillo en Pleno extraordinario el día previo la primera Medalla de Oro de la Ciudad, además del título de alcalde honorario, según recoge el ABC del día 29, que relata con todo lujo de detalle en su edición nacional el «cariñoso recibimiento al caudillo».

Pero además de «cariñoso recibimiento», Franco también una violenta despedida. Tan violenta como que, según diversas fuentes externas de la época, su propio vehículo oficial llegó a recibir algunos impactos de bala de un grupo de guerrilleros antifranquistas bercianos apostados en un monte a la salida de la ciudad. Este hecho, sepultado en la memoria, desterrado de los titulares de la prensa nacional, debió ocurrir entre las 3 y las 4.30 de la tarde de ese 28 de julio.

Un policía leonés tras la ‘Operación: matar a Franco’

Leon en la Wikipedia

Alejandro Gallo publica en abril una novela sobre el fallido atentado contra el dictador en Compostilla Afirma que el plan fue un calco del asesinato del nazi Reinhard

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1949. FRANCO INAUGURA COMPOSTILLA EN EL BIERZO

«No fue una chapuza». El fallido atentado contra Franco en Ponferrada era «casi un calco de la ‘Operación Anthropoid’», que acabó con la vida de Reinhard Heydrich, uno de los hombres fuertes de Hitler, el 27 de mayo de 1942 en Praga. Así lo defiende el escritor leonés Alejandro Gallo, comisario-jefe de la Policía Local de Gijón. Los maquis leoneses trataron de asesinar al dictador en 1949, un golpe que, de haber tenido éxito, habría cambiado radicalmente el curso de la historia. Es el argumento de Franco debe morir, la nueva novela de Gallo, licenciado en Filosofía, Ciencias Políticas y Ciencias de la Educación.

El Bierzo en la Wikipedia

En 2009 Gallo publicó el best seller Operación Exterminio, donde relataba la guerra sucia contra la guerrilla republicana durante la represión franquista. El libro concluye con la matanza de 28 maquis y enlaces en 1948 y otros 22 miembros de la guerrilla socialista, que fueron arrojados al Pozo Funeres. «Necesitaba contar lo que ocurrió después», explica Gallo. La nueva novela, que verá la luz en abril, retoma el hilo a partir de abril de 1948 y gira en torno a tres acontecimientos: la evacuación de la guerrilla desde el puerto de Luanco, el atentado de Compostilla y la aniquilación de la partida de Manuel Caxigal.

Alejandro Gallo en la Wikipedia

Aquellos grupos de acción de los que casi nadie habla (Blog elsaltodiario.com)

Aqellos que no tienen nombre

elsaltodiario.com: blog que nos parece interesante recomendarlo, además de  que  se preocupa de la Memoria Histórica y de aquellos guerrilleros que no figuran en las listas habituales.

Enlace del blog

Enlace del articulo de los grupos de acción.

Ni cautivos ni desarmados

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Cuando la partida de maquis del Tripas fue envenenada y ejecutada sin piedad por la Guardia Civil en 1944

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La aniquilación de la partida del Tripas en el conocido barranco de la Tornera, en el Pedroso (Sevilla), y su conocido asesinato por envenenamiento, tapado como «falsa ejecución», quedaría grabado en la memoria colectiva de esta comarca

«Los mataron como ratas y los enterraron como perros…»

Han pasado 76 años del fin de la partida del Tripas, formada por los guerrilleros sevillanos José Martín Campos, el Tripas (El Castillo de las Guardas), José Jiménez Muñoz (El Pedroso), Carmelo Romero Ortega, el Pinche (Cazalla de la Sierra) y José González Espino, Ganaso (Cazalla de la Sierra). Los cuatro combatientes fueron ejecutados extrajudicialmente por una contrapartida de la Guardia Civil que trazaron bien su complot para acabar con los maquis. Esta vez las autoridades contaron con el apoyo de un desertor, habitual en la época, la del ex guerrillero Francisco Moruno Macías, alias Chocolate, que tendería la trampa final a los combatientes que confiaron en su buena voluntad.

Hay que poner en antecedentes que la desesperación del capitán jefe del Servicio de Persecución de Huidos de la zona, Ramón Jiménez Martínez no le temblaría el pulso para llevar a cabo cualquier maniobra. El fin era exterminar las partidas, incluso el envenenamiento que fraguó desde un pequeño comercio farmacéutico de Cazalla de la Sierra (Sevilla) y el soborno a pastores en una época de hambre y demasiada miseria.

José Antonio Jiménez Cubero, señala a Público que «entre los grupos del Tripas y del Chato de Malcocinado las autoridades lograron identificar a medio centenar de guerrilleros. Unas veces juntos y otras por separado, actuando casi siempre en grupos de pequeñas unidades».

 

 

Gallego Burín gana el pulso al gobernador a cuenta del baño de sangre con los maquis

AUGE Y CAÍDA DE LA GUERRILLA ANTIFRANQUISTA EN GRANADA (1939-52). SEGUNDA PARTE

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Segundo capítulo dedicado al excepcional análisis del ‘Auge y caída de la guerrilla antifranquista en Granada’, con la firma de Gabriel Pozo Felguera, con nuevas aportaciones fruto de su investigación. Esta entrega se centra en las relaciones de poder entre el alcalde Antonio Gallego Burín y el gobernador civil de Granada José María Fontana Tarrats y las consecuencias políticas que trajo el sangriento año 1947.
Reconciliación. Ramiro Fuentes Ochoa, Mariano (izda.) y el teniente de la Guardia Civil Manuel Prieto se saludaron en la década de los ochenta durante la grabación del documental “El maquis, movimiento guerrillero en Andalucia”, del documentalista Alfonso Arteseros. Mariano había estado encarcelado casi dos décadas; Manuel Prieto acabó en el generalato.
15 de junio de 1947, cena en homenaje a Evita Perón en el salón de plenos del Ayuntamiento. No asistieron ni el gobernador civil ni el alcalde. AHMG

  • El nerviosismo ciudadano por la actividad del maquis local fue aprovechado por el Alcalde para conspirar contra la primera autoridad provincial

  • El gobernador José María Fontana soportó una serie de secuestros de ricos, voladura de una casa y tiroteos callejeros con varios muertos

  • Fontana Tarrats envió a Madrid informes durísimos que dibujaban a Gallego Burín como un político chaquetero y sólo preocupado por los ricos

El maquis del Partido Comunista (PCE) enviado desde Francia se coló en las sierras de Granada y en viviendas de la capital durante el mandato del gobernador José María Quintana Tarrats (enero de 1944-junio de 1947). A pesar de que fue un político que se empleó mucho en reprimirlo. Fue el periodo de mayor épica de las bandas urbanas de los Quero y de Clares, repleto de secuestros económicos espectaculares, enfrentamientos y muertes en las calles. El gobernador Fontana finiquitó a los hermanos Quero y a medio grupo Clares. Creyó respirar tranquilo por este éxito contra la guerrilla; pero el resultado final se le volvió en contra y arruinó su carrera política en Granada. Desde muchos meses atrás, el alcalde Gallego Burín y su grupo de influencia conspiraban para quitárselo de en medio, aprovechando lo que llamaron el aumento del nerviosismo ciudadano. El día que sus policías abatieron a los tres últimos Quero, el gobernador Fontana compró todas las papeletas para su cese.

José María Fontana Tarrats escribió en una de sus cartas que Antonio Gallego Burín, el alcalde de Granada por entonces, era falangista los domingos y fiestas de guardar. El resto de la semana no se sabía lo que era. Seguro que se refería a la fama de político camaleónico que le antecedía. El gobernador llegó a Granada con la intención de cesar a Gallego Burín y a decenas de alcaldes y cargos. El encargo que había recibido en Madrid de boca del ministro y mandamás del Movimiento, José Luis Arrese, fue reformar el partido único de Falange. Y Gallego Burín no era devoto de Falange. Los tres años que convivieron en sus respectivos cargos estuvieron plagados de desencuentros y tensiones. Y de zancadillas y golpes bajos.

Entre 1944 y 1947 se dieron dos hechos cruciales en la lucha guerrillera de Granada: el traslado de las acciones guerrilleras al escaparate de la capital y la llegada de los enviados del PCE a las sierras y, progresivamente, a la ciudad

No es cierto que José María Fontana descuidara su responsabilidad de lucha y represión de la disidencia política y, sobre todo, de las muchas bandas de maquis y guerrilleros antifranquistas que pululaban por Granada. Eso lo demuestran los números de muertes, detenciones y entregas de hombres de la sierra en los tres años y medio de su mandato en Granada. Entre 1944 y 1947 se dieron dos hechos cruciales en la lucha guerrillera de Granada: el traslado de las acciones guerrilleras al escaparate de la capital y la llegada de los enviados del PCE a las sierras y, progresivamente, a la ciudad.

La guerrilla urbana: los Quero y los Clares

La gente echada a la sierra provenía de militares republicanos que temían por sus vidas; de fugados de cárceles y campos de concentración; de represaliados en sus pueblos al regresar de los frentes; de algunos que tenían delitos de sangre; de hombres significados como izquierdistas durante la II República, etc. Desde mediados de 1939 y hasta 1941 trataron de sobrevivir con la ayuda de conocidos y familiares, acercándose a cortijos y poblaciones en busca de comida, abrigos y medicinas. No fueron demasiados en número y organización; el lema era cometer los menores robos y secuestros posibles, los justos para sobrevivir y no ganarse el odio popular.

Su amplia familia, sus buenas relaciones y su tupida red de colaboradores les permitieron vivir y esconderse en el Albayzín, Barranco del Abogado y Sacromonte. Pero para ello necesitaron recurrir a secuestros económicos con el fin de poder pagar a tantos colaboradores y espías

Fue lo que hicieron los hermanos Quero (Pepe y Antonio) desde su fuga de la cárcel de la Campana en el verano de 1940 hasta que, en 1941, decidieron separarse del Yatero y formar banda propia. Entre 1941 y 1943, los Quero se fueron introduciendo cada vez más en la capital y abandonando el modus operandi de los hombres de la sierra. Su amplia familia, sus buenas relaciones y su tupida red de colaboradores les permitieron vivir y esconderse en el Albayzín, Barranco del Abogado y Sacromonte. Pero para ello necesitaron recurrir a secuestros económicos con el fin de poder pagar a tantos colaboradores y espías. Aquellos primeros años de su actuación en la capital les reportó una reputación casi mítica, al estilo de Robin Hood, el que robaba a los ricos para repartir entre los pobres.

Más de una vez se vio al gobernador Fontana visitar el cuartel de la Guardia Civil del Albayzín (situado en el caserón de los Mascarones) para exigir mayor presión a su teniente; no entendía cómo los Quero entraban y salían a sus anchas en el barrio, cuando las casas de sus familias estaban situadas a unas decenas de metros del cuartel

La frecuencia de sus secuestros se fue incrementando así como la calidad de los secuestrados. También la presión de las fuerzas de seguridad sobre ellos. Más de una vez se vio al gobernador Fontana visitar el cuartel de la Guardia Civil del Albayzín (situado en el caserón de los Mascarones) para exigir mayor presión a su teniente; no entendía cómo los Quero entraban y salían a sus anchas en el barrio, cuando las casas de sus familias estaban situadas a unas decenas de metros del cuartel. Sabía perfectamente que los Quero contaban con la complicidad de buena parte de los vecinos de las calles Pagés, Agua y Fátima; no había movimiento de los guardias que se les escapara.

Ya escribí que Fontana era un economista que pensaba que la reconciliación nacional debía empezar por dar trabajo a partir de reformas económicas y sociales, antes que por la persecución de quienes fueron rojos. No obstante, se interesó mucho por poner coto a la épica de los Quero. Por la fama que arrastraban dando golpes espectaculares, paseando por bares y prostíbulos a cara descubierta, comiendo en restaurantes céntricos y dando propinas desorbitadas.

Y empezó a poner fin a la banda de los Quero incrementando la presión sobre sus familiares. La consecuencia de los interrogatorios de mujeres y niños lo único que consiguió es que la banda se engrosara con los hermanos Pedro y Paco, que también pasaron a la clandestinidad. El auge de la guerrilla de los Quero en Granada capital, y de los Clares y Yatero en los pueblos de los alrededores, se produjo precisamente con José María Fontana al frente del Gobierno Civil.

Pero también es cierto que iba a ser el principio del fin del bandolerismo urbano. Vamos a recordar algunos hechos sangrientos con los que fue obsequiada la presencia de Fontana en Granada:

  • 26 de marzo de 1944. La Policía monta una macrooperación en un burdel de la calle Piedra Santa, en la Manigua, en busca de los Quero. Tras una persecución a tiros por las calles de la ciudad, acaba muerto el policía Julio Romero Funes, amigo del alcalde.
  • 8 de mayo de 1944. El empresario Manuel Mesa es abordado en la puerta de su casa del Paseo del Salón y le obligan a entregar 10.000 pesetas.
  • 6 de noviembre de 1944. Pepe Quero muere durante la exigencia de una cantidad de dinero al dueño de Almacenes Contreras, en el Carril del Picón. Caía el primero de los cuatro hermanos que compusieron la banda.

El gobernador y las fuerzas policiales, envalentonadas por este éxito casual, redoblan sus esfuerzos tras los Quero. El 15 de enero de 1945, los espías del teniente Rafael Caballero creen tener localizada a la partida de los hermanos Quero en la casa número 28 de la Cuesta de San Antonio. Efectivamente, allí habían ido a descansar tres miembros de la banda de los Quero (Baldomero de la Torre Torres, Bernardo González Rodríguez y Antonio Velázquez Murillo), pero no había ninguno de los Quero. Tras día y medio de asedio, el teniente Caballero decidió dinamitar la casa. Entre los escombros, en el patio trasero, encontraron seis cadáveres, suicidados o tiroteados entre ellos; se trataba de los tres guerrilleros, del dueño de la casa (Leonardo González Fernández, del PCE, y padre de uno de los maquis), de un hijo del propietario y de una mujer

Reconciliación. Ramiro Fuentes Ochoa, Mariano (izda.) y el teniente de la Guardia Civil Manuel Prieto se saludaron en la década de los ochenta durante la grabación del documental “El maquis, movimiento guerrillero en Andalucia”, del documentalista Alfonso Arteseros. Mariano había estado encarcelado casi dos décadas; Manuel Prieto acabó en el generalato.

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BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA.

Fontana Tarrats: un economista falangista en el Gobierno Civil de Granada (1944-47), de Manuel Martín Rodríguez. Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, número 29.

Percepciones y actitudes ante la guerrilla en la Granada de posguerra, de Claudio Hernández Burgos. Revisa del CEHGR, número 26.

El último frente, ensayo colectivo coordinado por Jorge Marco y Julio Aróstegui. Especial interés de la parte del maquis granadino que analiza José María Azuaga Rico.

Resistencia armada en la posguerra: Andalucía Oriental (1939-52), tesis doctoral de Jorge Marco Carretero. Universidad Complutense.

La guerrilla antifranquista en Andalucía (1939-52), de José Antonio Jiménez Cubero.

El ‘bibliocausto’ español, la quema de libros por el franquismo durante la guerra y la posguerra

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«Arrasaron con la biblioteca de Castelao o la del presidente Casares Quiroga en A Coruña, con la de la casa de Juan Ramón Jiménez, donde él no estaba porque se encontraba en el extranjero, o con la Max Aub en Valencia», relata Martínez Rus, quien define las ceremonias como una especie de «ritos iniciáticos tras la toma de las localidades».

Son pocas las fotos que quedan de las quemas de libros por los golpistas en España, y las que hay no son muy conocidas. Sin embargo, la destrucción de obras escritas en grandes hogueras, en plena calle, fue una práctica habitual durante la guerra y la primera posguerra en nuestro país.

«Todos sabemos que los nazis quemaban libros, pero nadie piensa que el franquismo lo hizo», señala la historiadora y profesora de la Universidad Complutense Ana Martínez Rus, autora de la publicación La persecución del libro. Hogueras, infiernos y buenas lecturas (1936-1951) y de varios artículos sobre el mismo tema. «Hay muy pocas imágenes de aquello porque la dictadura duró mucho, tuvo tiempo de borrarlo y lo consiguió en buena medida», explica.

Casi cuarenta años de dictadura fueron tiempo suficiente para que ésta se reescribiera varias veces, intentando ocultar aspectos controvertidos de su pasado. La fecha que marca un antes y un después es la caída de la Alemania nazi en 1945. A partir de ese momento Franco se acerca más a los aliados, intenta mostrarse como un régimen blando y se apresura a borrar los capítulos más violentos y bárbaros de su historia. El brazo en alto dejó de ser obligatorio ese mismo año.

 

Historia de un traidor

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Varios autores acusan al ovetense Laureano González, «El Trilita», de actuar como delator para la Segunda Bis, el servicio secreto franquista

 

GUILLERMO GUITER

 

¿Quién fue este ovetense bravo y misterioso que luchó por la República y fue gravemente herido en la Guerra Civil? ¿En qué momento presuntamente se torció todo, cambió de bando y se hizo delator de la policía secreta franquista?

Varios testimonios acusan a Laureano González Suárez, apodado El Trilita, de espiar, denunciar y ayudar a desmantelar una célula antifascista que operaba contra Franco desde Burdeos. El principal testigo fue el poeta y brigadista argentino, hijo de padres andaluces, Luis Alberto Quesada. Falleció a los 96 años en el año 2015 después de una larga vida con no pocos avatares peligrosos. Quesada se enroló en Madrid a los 16 años en las milicias antifascistas y combatió en la sierra de Guadarrama y fue subiendo en el escalafón de comisario político y también en el militar.

Granada no perdona a maquis traidores

AUGE Y CAÍDA DE LA GUERRILLA ANTIFRANQUISTA EN GRANADA (1939-52). TERCERA PARTE

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En esta tercera parte dedicada al análisis del ‘Auge y caída de la guerrilla antifranquista en Granada’, Gabriel Pozo Felguera se adentra en uno de los pasajes menos conocidos y más trágicos de la lucha antifranquista, como es el de las delaciones que acabaron con las últimas agrupaciones, y la cárcel y ejecuciones de los maquis. Es un relato sorprendente, escrito con la maestría del investigador y periodista, que te atraerá desde el inicio.

  • Roberto, mítico creador de la Agrupación Guerrillera Granada (1946-1952), se convirtió en delator y traidor hasta acabar con toda su organización

  • Colaboró en la total desarticulación de su grupo tras ser detenido en Madrid, cuando gestionaba el exilio; llevó ante el pelotón a la mayoría de compañeros

  • Las nuevas estrategias del teniente coronel Eulogio Limia (1949-1951) cortaron las conexiones entre los hombres de la sierra y sus apoyos en el llano

  • Juan José Muñoz Lozano (Roberto) fue condenado a dos penas de muerte y fusilado en las tapias del cementerio de Granada en 1953

AUGE Y CAÍDA DE LA GUERRILLA ANTIFRANQUISTA EN GRANADA (1939-52). PRIMERA PARTE Año 1947: El maquis granadino pone muy nervioso al dictador Franco

AUGE Y CAÍDA DE LA GUERRILLA ANTIFRANQUISTA EN GRANADA (1939-52). PRIMERA PARTE

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Gabriel Pozo Felguera inicia este domingo una espectacular serie sobre la Guerrilla Antifranquista en Granada, en la que analiza aquel acontecimiento tan extenso en el tiempo, del que pese a la abundante bibliografía, aún persisten contradicciones y lagunas, que fruto de sus investigaciones tratará de clarificar. En próximas entregas, indagará en las consecuencias políticas que trajo el escandaloso y sangriento año 1947, que centra la entrega de este domingo; otro más sobre el papel del PCE, detenciones de jefes enviados por Santiago Carrillo y sus múltiples traiciones, que acabaron con la desarticulación de la guerrilla en 1952 y lo cerrará con las rutas del exilio que siguieron los últimos que quedaban en las sierras. Un serial para leer y compartir. mingo, 18 de Octubre de 2020

  • Los asesinatos del coronel Joaquín Miláns del Bosch por la partida Clares y del industrial Romero de la Cruz, por los Quero, propiciaron la “ley de fugas”

  • La Guardia Civil ejecutó extrajudicialmente a decenas de maquis, colaboradores y sospechosos de ayudar a los huidos a las sierras granadinas

  • Granada fue una de las provincias que mayor número de víctimas contabilizó por el sangriento enfrentamiento entre finales de 1946 y 1951

  • La Operación Reconquista puesta en marcha por el PCE con guerrilleros desembarcados en la Costa (1944-47) acabó por fracasar

Entre fiestas y exhibiciones católicas la resistencia no ceso así como los asesinatos

Evita Perón, recibida por las autoridades militares a su llegada al aeródromo de Armilla (15 de junio de 1947). TORRES MOLINA.
Primera salida en procesión de la Borriquilla, tras su refundación en el convulso año 1947.
Estas dos portadas de la revista TIME son fiel reflejo de lo que pensaba EE UU sobre Franco: en 1946, pintaban al dictador en la cuerda floja; la otra es de 1966, donde lo presentaban asentado y dominador absoluto de España. Para entonces, EE UU ya tenía bases militares en España y la consideraba aliada frente al comunismo ruso.

Enfrentamientos/Ejecuciones de mayor envergadura en 1947

Las fuerzas de seguridad también sumaron casi una treintena de bajas durante los enfrentamientos entre la guerrilla granadina en el cruento año de 1947, la mayoría de ellos guardias civiles.

Los enfrentamientos, muertes masivas y asesinatos extrajudiciales se registraron prácticamente en toda la provincia de Granada, pero en especial virulencia en zonas de sierra o poblaciones cercanas. Voy a mencionar las más escandalosas en cuanto a número de fallecidos, algunas de ellas poco conocidas a nivel general.

17 de enero de 1947. El Purche (Monachil). La Guardia Civil localiza, detiene y le aplica la ley de fugas a tres de los miembros de la partida de Clares, que unos días antes habían secuestrado y matado al coronel Miláns del Bosch. Los tres asesinados sin juicio fueron Ramón Carrasco Gómez, José María Pardo y Antonio Montilla Gallego

8 de febrero de 1947. Ríofrío (Loja). 3 muertos. La Guardia Civil asalta la Casilla Zapatero y abate a tres guerrilleros que estaban descansando. Eran José María Arcos Coca, de Montefrío; Francisco Castillo García, de Salar; y María Argüelles, del extinto grupo de El Peste.

Primeros de abril de 1947. Lanjarón.  Eloy López Álvarez decide entregarse en el cuartel de esta localidad, donde residía. Unos meses más tarde, en octubre, le dieron muerte extrajudicialmente. Su hermano Rafael, también perteneciente a Agrupación Guerrillera del PCE, se entregó en el mismo cuartel y tuvo el mismo final, aunque un año más tarde.

15 de mayo de 1946. Barrio de las Zorreras de Baza. 6 muertos. En este caso fueron inspectores de Policía y guardias civiles quienes localizaron al grupo de guerrilleros cobijados en una cueva. Murieron Joaquín Fernández Martínez, Manuel López Teruel, José Ramírez Fajardo, Luis Aguilar Fernández, el hijo del Rojillo y el Tule. Sus cadáveres fueron expuestos una mañana entera en la puerta del Ayuntamiento de Baza. Esta partida de Baza estuvo formada por una docena de hombres; en pocos meses se esfumaron los demás.

19 de mayo de 1947. Dehesa de Bolones, Sierra de Huétor. 2 asesinados. Guardias civiles del puesto de Huétor Santillán sospechan que dos vecinos de Beas de Granada son enlaces del grupo del Yatero. José Madero Única, de 58 años, es agricultor; Juan Mesa Madero, de 29, se dedica a recoger leche por los cortijos para venderla en Granada. El efectivo y sanguinario cabo Rafael Joya Sánchez  (1900-1976) se los llevó a la Dehesa de Bolones y les aplicó la ley de fugas. Los cadáveres los devolvió al cementerio de Huétor Santillán, donde los expuso al público con un tiro en la frente. De Juan Mesa Madero simularon un juicio sumarísimo; su familia consiguió recuperar su cadáver y llevárselo a Beas en la década de los setenta.

Camión Dodge-36 de la cantera de José Molina, de Huétor Santillán, que fue utilizado por la Guardia Civil para trasladar los dos cadáveres hasta el cementerio. Su propietario tuvo que raspar el suelo de madera para extraer tanta sangre.

22-25 mayo de 1947. Edificio del Camino de Ronda. Granada capital. 3 muertos. Tres de los últimos componentes de la banda de los hermanos Quero, con Antonio Quero Robles a la cabeza, caen abatidos o se suicidan tras un largo tiroteo con las fuerzas de seguridad. Fue el hecho más aparatoso de guerrilla urbana que tuvo lugar en Granada y también el más publicitado por expreso deseo de las autoridades franquistas; quisieron utilizar este hecho para dar a entender que quedaba definitivamente desarticulada la guerrilla antifranquista en Granada. Otro de los componentes de la banda, José Bravo Fernández, decidió entregarse una semana después. Fueron denunciados por dos rechazados del grupo de los Quero; se trató de Fermín Castillo y Miguel Contreras, que recibieron una importante cantidad de dinero por ello (2,5 millones de pesetas cada uno). Fermín Castillo fue asesinado unos meses después por la banda de los Clares, mientras que Contreras se exilió.

16 junio 1947. Cortijo del Batán. Huétor Santillán. 3 muertos. El cabo Joya tenía montado un apostadero por debajo de Huétor Santillán, en el camino que une Granada con la población y se bifurcaba por los valles del Darro y Carchite para internarse en la Sierra. Tres guerrilleros regresaban de una reunión con El Sevilla (Francisco Rodríguez Sevilla), jefe político-militar de la Agrupación Granada tras la detención de Tarbes, que se escondía en una casa de la capital. El PCE había aprovechado el tumulto provocado por la visita de Evita Perón para reunirse con la gente de la sierra y exigirles mayor compromiso. Cuando estos tres ex miembros del grupo de Yatero se acercaban a Huétor, fueron certeramente abatidos por los guardias. Sus cadáveres fueron expuestos en la plaza del pueblo y enterrados en el cementerio de la localidad. Se trataba de Manuel Caballero Bonilla, natural de Diezma, 24 años; José Molina Montes, de Quéntar, 26 años; y Wenceslao Rojas García, de Diezma, 37 años. Los tres habían rechazado la oferta de Yatero de exiliarse a Francia; prefirieron integrarse en la Agrupación Granada, en la que sólo permanecieron unos meses antes de sus ejecuciones.

30 de junio de 1947. Barranco de La Malahá. Alhama de Granada. 3 asesinados. Se les aplica la ley de fugas a varios guerrilleros que se habían entregado y/o detenido. Murieron Francisco Justicia Ruiz, Juan Justicia Ruiz, Antonio Lozano Sánchez.

3 de julio de 1947. Cástaras. 7 guerrilleros muertos. Los guerrilleros pertenecían a la Agrupación Guerrillera Granada (segundo batallón), dormían en un cortijo de la Rambla. Los mandaba Francisco López Pérez, Polopero. Acababan de aceptar su integración en la Agrupación Roberto, esperaban que les suministraran los uniformes y armas de repetición. Fueron sorprendidos por la Guardia Civil. El cortijo sólo tenía una puerta y una ventana. Tras un largo tiroteo, les arrojaron granadas por la ventana. Cuando ya dejaron de responder desde el interior, se comprobó que había siete hombres dentro, seis de ellos muertos. Sólo uno se mantenía con vida. Se habían suicidado o matado entre ellos para evitar su captura y tortura; se juramentaron hacerlo para no traicionar al resto de guerrilleros. El herido murió a las pocas horas. Sus cadáveres fueron sepultados revueltos en una fosa común a la entrada del cementerio de Cástaras e inscritos en el registro civil de Torvizcón.

13 de julio de 1947. Dehesa del Calvario. Güéjar Sierra. La Guardia Civil da muerte a Francisco Almendros García, de la partida de Clares (Su hermano Luis también se incorporó a la guerrilla tras ver cómo lo mataron; sería abatido en un lugar cercano en 1950).

19 de julio de 1947. Cortijo de Rías, Sierra de Huétor. 3 muertos. Una vez más, el grupo de guardias comandado por el expeditivo cabo Rafael Joya, aplicó la ley de fugas a tres supuestos guerrilleros o colaboradores suyos. Concretamente de la partida de Yatero y más recientemente alistados a la Agrupación Granada. En esta ocasión, el asunto se justificó como un tiroteo entre guerrilleros y guardias que vigilaban cerca de Fuente Tamara. Fueron ejecutados Francisco León Cobos (el Peroles, de 33 años y vecino de Beas), Manuel Rodríguez Lezama (el Morro, de 59 años, también vecino de Beas) y su hijo Manuel Rodríguez Osorio. Éste todavía era menor de edad. Los tres fueron enterrados en el cementerio de Diezma, donde sus cadáveres fueron localizados en 2008 y exhumados por sus familias.

26 de julio de 1947. Castell de Ferro. 4 ejecutados. La zona de la Alpujarra-Costa fue una de las que más ejecuciones extrajudiciales concentró durante la segunda mitad de 1947, actitud que se iba a ver incrementada a partir de la muerte del teniente de la Guardia Civil del cuartel de Motril. Aquel día, una redada de vecinos de Lentejí acabó con varios en el presidio del Castillo de Carchuna. Se les acusó de ser miembros o enlaces de la Agrupación Guerrillera Granada-Málaga. Finalmente fueron asesinados cuatro de ellos, enterrados posteriormente en el cementerio de Castell de Ferro.

30 de julio de 1947. Los Tablones (Órgiva). 4 muertos. Un grupo de guardias civiles se enfrenta a Serafín Lorenzo Cara, Serafín el de Cástaras, quien había perdido a 7 de sus compañeros en Cástaras a principios de aquel mismo mes. El resultado fue la muerte de Serafín, de otro de sus compañeros de guerrilla (Francisco Frías López), del dueño del cortijo donde estaban y del teniente de la Guardia Civil Francisco Morales Rodríguez. Sobrevivió y fue apresado Francisco Fernández Ayllón (Cajoneras). Los dos maquis muertos fueron paseados por las calles de Motril sobre mulas. Al día siguiente iba a llegar la venganza de once por uno…

1 agosto de 1947. Carretera de Motril a Gualchos. 11 ejecutados. Once personas de la Costa y la Alpujarra fueron ejecutadas en aplicación de la ley de fugas. En el grupo iban dos mujeres, una de ellas embarazada, y un menor de edad. Se trató de Manuel Rubiño González, su esposa Juana Correa Moreno, Manuela Correa Rubiño y su hijo Pablo Martín Correa, Francisco Correa, Cecilio Moreno Castillo, Emilio García Sabio, Juan Moreno Estévez y su hijo Manuel Moreno Moreno, Manuel Castillo Gómez y Ambrosio Fernández Ayllón (Cajoneras). Entre los fusilados sólo uno era maqui de la sierra (Cajoneras); los demás fueron acusados de enlaces o cómplices. Todos fueron enterrados en una fosa de Gualchos (exhumada hace seis años). La prensa local destacó aquel día que las fuerzas de seguridad llevaban abatidas a varias decenas de bandidos en poco más de un mes; en cambio, de los 11 fusilados por revancha no se publicó nada.

30 de junio de 1947. Barranco de La Malahá. Alhama de Granada. 3 asesinados. Se les aplica la ley de fugas a varios guerrilleros que se habían entregado y/o detenido. Murieron Francisco Justicia Ruiz, Juan Justicia Ruiz, Antonio Lozano Sánchez.

3 de julio de 1947. Cástaras. 7 guerrilleros muertos. Los guerrilleros pertenecían a la Agrupación Guerrillera Granada (segundo batallón), dormían en un cortijo de la Rambla. Los mandaba Francisco López Pérez, Polopero. Acababan de aceptar su integración en la Agrupación Roberto, esperaban que les suministraran los uniformes y armas de repetición. Fueron sorprendidos por la Guardia Civil. El cortijo sólo tenía una puerta y una ventana. Tras un largo tiroteo, les arrojaron granadas por la ventana. Cuando ya dejaron de responder desde el interior, se comprobó que había siete hombres dentro, seis de ellos muertos. Sólo uno se mantenía con vida. Se habían suicidado o matado entre ellos para evitar su captura y tortura; se juramentaron hacerlo para no traicionar al resto de guerrilleros. El herido murió a las pocas horas. Sus cadáveres fueron sepultados revueltos en una fosa común a la entrada del cementerio de Cástaras e inscritos en el registro civil de Torvizcón.

13 de julio de 1947. Dehesa del Calvario. Güéjar Sierra. La Guardia Civil da muerte a Francisco Almendros García, de la partida de Clares (Su hermano Luis también se incorporó a la guerrilla tras ver cómo lo mataron; sería abatido en un lugar cercano en 1950).

19 de julio de 1947. Cortijo de Rías, Sierra de Huétor. 3 muertos. Una vez más, el grupo de guardias comandado por el expeditivo cabo Rafael Joya, aplicó la ley de fugas a tres supuestos guerrilleros o colaboradores suyos. Concretamente de la partida de Yatero y más recientemente alistados a la Agrupación Granada. En esta ocasión, el asunto se justificó como un tiroteo entre guerrilleros y guardias que vigilaban cerca de Fuente Tamara. Fueron ejecutados Francisco León Cobos (el Peroles, de 33 años y vecino de Beas), Manuel Rodríguez Lezama (el Morro, de 59 años, también vecino de Beas) y su hijo Manuel Rodríguez Osorio. Éste todavía era menor de edad. Los tres fueron enterrados en el cementerio de Diezma, donde sus cadáveres fueron localizados en 2008 y exhumados por sus familias.

26 de julio de 1947. Castell de Ferro. 4 ejecutados. La zona de la Alpujarra-Costa fue una de las que más ejecuciones extrajudiciales concentró durante la segunda mitad de 1947, actitud que se iba a ver incrementada a partir de la muerte del teniente de la Guardia Civil del cuartel de Motril. Aquel día, una redada de vecinos de Lentejí acabó con varios en el presidio del Castillo de Carchuna. Se les acusó de ser miembros o enlaces de la Agrupación Guerrillera Granada-Málaga. Finalmente fueron asesinados cuatro de ellos, enterrados posteriormente en el cementerio de Castell de Ferro.

30 de julio de 1947. Los Tablones (Órgiva). 4 muertos. Un grupo de guardias civiles se enfrenta a Serafín Lorenzo Cara, Serafín el de Cástaras, quien había perdido a 7 de sus compañeros en Cástaras a principios de aquel mismo mes. El resultado fue la muerte de Serafín, de otro de sus compañeros de guerrilla (Francisco Frías López), del dueño del cortijo donde estaban y del teniente de la Guardia Civil Francisco Morales Rodríguez. Sobrevivió y fue apresado Francisco Fernández Ayllón (Cajoneras). Los dos maquis muertos fueron paseados por las calles de Motril sobre mulas. Al día siguiente iba a llegar la venganza de once por uno…

1 agosto de 1947. Carretera de Motril a Gualchos. 11 ejecutados. Once personas de la Costa y la Alpujarra fueron ejecutadas en aplicación de la ley de fugas. En el grupo iban dos mujeres, una de ellas embarazada, y un menor de edad. Se trató de Manuel Rubiño González, su esposa Juana Correa Moreno, Manuela Correa Rubiño y su hijo Pablo Martín Correa, Francisco Correa, Cecilio Moreno Castillo, Emilio García Sabio, Juan Moreno Estévez y su hijo Manuel Moreno Moreno, Manuel Castillo Gómez y Ambrosio Fernández Ayllón (Cajoneras). Entre los fusilados sólo uno era maqui de la sierra (Cajoneras); los demás fueron acusados de enlaces o cómplices. Todos fueron enterrados en una fosa de Gualchos (exhumada hace seis años). La prensa local destacó aquel día que las fuerzas de seguridad llevaban abatidas a varias decenas de bandidos en poco más de un mes; en cambio, de los 11 fusilados por revancha no se publicó nada.

6 de septiembre de 1947. Torvizcón. 6 guerrilleros muertos. La Guardia Civil cerca y abate al grupo formado por seis maquis de la Agrupación Granada. La mayoría de ellos se habían integrado en el grupo político-militar del PCE en los meses anteriores. Casi todos eran jóvenes, pero había uno (José Manzano Martín) que ya rondaba los cincuenta años. La mayoría de ellos eran naturales de Almegíjar.

19 de noviembre de 1947. La Herradura. 5 ejecutados. La Guardia Civil protagoniza cinco ejecuciones extrajudiciales a otros tantos vecinos de la zona. Se los llevó al Tajo de la Media Luna con el pretexto de que les indicaran un depósito de armas y los devolvieron al pueblo atravesados sobre mulas que tenían esperándoles. Eran Manuel Rodríguez Martín, Antonio Ruiz López, Miguel Arellano Pérez, Andrés Melián Suárez y José Antonio Sáez Castilla, más un desconocido.

25 de noviembre de 1947. Cenes de la Vega. 6 muertos.  Rafael Castillo Clares, jefe de la banda Clares, cae abatido en una vivienda del barrio del Cerrillo, propiedad de su enlace El Goro (José Parrojas). Había pertenecido a la Agrupación Guerrillera Granada, pero por divergencias se salió de ella. Fue el que secuestró y dio muerte al coronel Miláns del Bosch en enero de ese mismo año. Junto a él también fueron abatidos Eugenio Torres y María Jiménez Ramírez, su esposa, y un sexto enlace. En el tiroteo participaron decenas de guardias civiles y policías; cayó mortalmente herido el teniente Manuel García Espinosa y resultaron heridos varios agentes más. El grupo Clares continuó activo bajo el mando de Félix Castillo Clares, hasta que sus dos últimos miembros fueron abatidos cerca de Quéntar en noviembre de 1949 (el mismo Félix y Juan Nievas Sánchez, Espantanubes).

Apesar de las matanzas de1947 y el recrude cimiento de su represión con la ley de fugas, también es cierto que aumentó el número de granadinos que se echaron a la sierra. Engrosaron la Agrupación Granada (posteriormente llamada Agrupación Roberto), y en su mayoría acabaron muertos, entregados o encarcelados

(…) Y decenas y decenas más de maquis y bandoleros locales hasta un número que es imposible precisar con exactitud, pero superior a 170. Muchos de ellos desaparecieron sin dejar rastro, bien porque fueron hechos desaparecer por las fuerzas de seguridad o ejecutados por chivatos; otros se exiliaron sin dejar rastro. También hubo algunos que se diluyeron entre las sombras, temerosos de ser ejecutados por la Agrupación Guerrillera del PCE. Una vez que se entraba en ella, no era tan fácil abandonarla sin castigo.

A pesar de las matanzas de 1947 y el recrudecimiento de su represión con la ley de fugas, también es cierto que aumentó el número de granadinos que se echaron a la sierra. Engrosaron la Agrupación Granada (posteriormente llamada Agrupación Roberto), y en su mayoría acabaron muertos, entregados o encarcelados. Hubo casos en que una quinta entera de mozos,14 jóvenes, se echó al monte en vez de irse a la mili (Agrón).

Durante la existencia de la guerrilla antifranquista en Granada (1939-52), se tiene la certeza de que las bajas por enfrentamiento directo, la aplicación de ley de fugas y ejecuciones por condenas de tribunales militares, superaron ampliamente el millar. El 20% de ellos se concentraron sólo en el año 1947; les siguieron por número de víctimas los años 1948, 1949 y 1950, con otro 31% acumulado en el trienio.  Franco, por fin, atisbaba el final de la guerrilla interior. Sólo le quedaba centrarse en la represión política del PCE, que había cambiado de táctica a partir de 1948 (por orden de Stalin) y ahora lo que se pretendía era dejar abandonados a los guerrilleros de las sierras e introducirse en los centros de trabajo, el sindicato vertical y en las universidades.